Hay una espesura
que se alimenta del silencio y se atrinchera traicionera,
en los peldaños de mi cuerpo.
Hay una tesitura
engalanada de misterio
que me desabrocha el aliento.
Es un sedimento que me afloja el caminar,
que se aloja en mi despertar,
que me frunce los sueños y a penas me permite respirar.
Hay un enjambre de destellos
que me andan arañando el deseo, encaramado con gran tesón
al eterno resplandor
de tu líquida respiración.
Hay un estruendo que hace rechinar las bisagras con las que tu sonrisa
me abre de par en par las leves puertas del alma.
Y un clamor candente
de besos incandescentes descendiendo como lava
por las vertientes de tu espalda.
La premeditación adventicia
de la estructura de una caricia
que constituye mi sueño, explorando con fina destreza el sabor
de cada uno de tus besos; para acabar implorando al noble universo
volver a tener noticias de este amor de roble e incienso con el que
celebramos esta pasión que está más allá de palabras y silencios.
Porque nos late en medio del pecho, y nos espera paciente para estallar resplandeciente en la antesala del
próximo beso.
Josiño
En este breve espacio que subsiste a duras penas entre tu piel y mi deseo, me van creciendo esquejes por entre las ramas de mi pecho. Y tu ausencia se retuerce como un animal maltrecho que pretende encadenar su pesar a la sombra irreverente que desprende este barbecho. Condenándome a besar tu imagen bidimensional que me sonríe inerte y contumaz detrás de un leve cristal. Atando mi fragilidad a la espera que me concede la humilde potestad de soñar con el axioma intangible del precipicio de tu beldad. En el breve espacio en que no estás, me crecen raices por las arterias. Y mi corteza ya echa en falta la certeza inconfundible de tu mano envuelta en llamas desbaratando mis estambres, alborotándome la sangre... Que te busca sin encontrarte, que te nombra sin que respondas, que te muerde, te suspira y se vierte incombustible. Para encaramarse a la vigilia del aroma irrepetible del hospicio de tu cuello. Abrazando tu magia infinita que me concede por pleno derecho la potestad de abrasarme en el auspicio irresistible del concilio de tu cuerpo, fiel vestigio irreductible del augurio de mi cielo. Josiño..)
En ese espacio más allá del vocabulario
donde nunca llegaron los adjetivos,
en las coordenadas donde habita la verdad
que late con fuerza, más allá del bien y del mal.
En esa sustancia inmaterial
de la que se componen los sueños,
en aquella vereda de la alegría
donde reverdece nuestra huella.
A la sombra del castaño que fue testigo
del nacimiento de nuestro milagro.
Allí donde reside la magia,
en el país de donde surge esa luz inconmensurable
con la que el encuentro de nuestras esmeraldas
celebra nuestro exilio de los cauces del tiempo,
para acomodarse en las afueras
de los límites con los que
no es capaz de abarcarnos el cuerpo.
Justo allí siempre me podrás encontrar
meciendo con infinita ternura
la inquebrantable dulzura
con la que me acaricia esa suave brisa
que surge cuando despliegas tus alas
para llenar de pura vida
los más profundos recovecos de mi alma.