miércoles, 20 de diciembre de 2017

En Cuerpo y Verso



Si escucho con atención...
puedo distinguir en la niebla
la extremada cautela
con la que la sintonía de tus manos
fue cosiendo el acento de tu magia
en las bóvedas de mi espalda,
para hacer temblar con paciencia de piedra
los vetustos pilares de mi respiración.

Si afino mi oído...
puedo atisbar en la penumbra
la vaga atonía de tu palabra
que con sigilo deambula
por el silencio de mi pecho,
para sacudir desnuda y rotunda
los adustos horarios
de esta estación tan antigua.

Aún trepan ausentes
sin el menor inconveniente
tus vocales ingrávidas
por las paredes de esta estancia.

Aún trepan inconscientes
antes de entrar a formar parte del equipaje
con el que fundaste este desmayo crónico
que pertinaz me acompaña
en esta especie de viaje,
que me trae y me lleva peregrino
orbitando el andamiaje
del nacimiento de cada nuevo latido
en el epicentro de tu corazón salvaje.

Y en los espacios del alma
reposan leales
tus consonantes en calma
¡Para abrigarse entre signos de admiración!
al volver a recorrer los instantes
en los que me hiciste de mi aliento deudor
perdiendo con ello el gobierno
del leve paso del tiempo,
discurriendo y palideciendo
en una fina lluvia de luz y pasión.

Hasta fundirme
en cuerpo y verso
en el eterno resplandor,
con el que me deslumbra tu ser
cuando pronuncias mi nombre
y me convierto en tu voz.

Josiño...)



martes, 20 de junio de 2017

La Batalla de las Arenas



Hoy nos crecen las arenas
en los pies se adocenan
y surge un orden nuevo
donde el hombre ensombrece
lejos de la porcelana
que nutre las alacenas.


Sale el sol por levante
como por equivocación,
y como cada mañana
en él bañamos nuestras penas
las grandes, y las pequeñas
con un bostezo redentor.


Se nos hunden los tobillos
en el blando pasar de los días
y sus habituales averías
las complejas, y las sencillas.


Y nos sube un rastro de hormigas
obedientes por las pantorrillas
hasta alcanzar
la última palabra
que aún retumba en la boca,
para aprender sin desesperanza 
a escapar una vez más
del desfile anodino de la tropa.


Nos crecen las arenas
y ya nos llegan hasta las rodillas,
mientras contemplamos ausentes
el leve comercio
donde se retuerce la vida.


En este escenario
de luces anodinas
tan solo tu beso
es capaz de obrar el milagro,
para que podamos levantar el vuelo,
librarnos de estos pies de barro
y de la condena perpetua
de perdernos en este mar de arena.


Que pretende hundirnos
en la más triste miseria
de un cuerpo cubierto de hormigas
excavando sus galerías
por entre nuestras entrañas
en el ladrido cansino
de la jauría de los días.


Tan solo en tu abrazo
es posible la magia
de palpar en nuestro silencio,
la gloria de un mundo nuevo
donde no exista el tiempo.


Tan solo en tu cuerpo
redimiremos el alma
lejos de la humedad 
de las despensas 
donde se almacena 
el óxido de las cadenas
como hordas impías
de relucientes mentiras 
que insolentes aguardan
la orden de unas mentes vacías
para levantarse en armas
y volver a la batalla de las arenas
con la primera luz del alba.

                                                       
                                                                   josiño.)


jueves, 20 de octubre de 2016

En la misma Página

                                                                          Roger Dean ©

Extrañar...
como un gato
en noche de luna nueva
caminando por los tejados,
descubriendo
en cada rincón, una nueva huella
con el aroma de la ausencia
restregándose con fuerza
por cada uno de los peldaños.

Indagar...

en la biblioteca de la memoria
para ir podando nuestros desengaños,
limpiar el polvo
del mejor de nuestros libros,
coincidir en la misma página
en la misma línea
donde nos enamoramos,
para brindar por un nuevo capítulo
despertando a tu lado.

Celebrar...

que hay todo un desierto
que está poblando sin pausa
nuestro reloj de arena,
que no hace falta darle cuerda
para que siga dibujando instantes
en las lindes de nuestros párpados
que no es necesario ponerlo en hora
para leer nuestros deseos
y que se nos junten los labios.

Descubrir...

que no nos acabamos,
que somos capaces
de inventarnos de nuevo.
Que paseamos por la misma orilla
juntos de la mano
a la sombra de los álamos
y los castaños,
aunque tú me pienses allí
y yo te sueñe acá.

Sentir...
que hay todo un ejército
de luciérnagas alumbrándonos,
que las libélulas revolotean al alba
festejando tus sonrisas;
y en la mesa
un plato de arándanos
quiere dar la bienvenida
a estos brazos
que están llenos de vida,
que no terminan
en mis manos
ni tan siquiera en la caricia
que se me escurre
como un relámpago
por entre mis dedos
para posarse en tu espalda,
ni en esa escrupulosa ternura
con la que nos arrancamos los miedos.

Hoy tengo tu sabor en mi boca

y puedo recorrer tu geometría a tientas,
tan solo tengo que cerrar mis ojos
para que aparezca tu silueta.

Me basta con acabar este poema
para aterrizar a tu lado
fíjate, solo quedan tres versos...

porque a nuestro reloj de agua

no hace falta darle cuerda
somos dueños del océano.


Josíño © 2016



"Multiplicar los muelles no disminuye el mar"
Emily Dickinson