



donde nunca llegaron los adjetivos,
en las coordenadas donde habita la verdad
que late con fuerza, más allá del bien y del mal.
En esa sustancia inmaterial
de la que se componen los sueños,
en aquella vereda de la alegría
donde reverdece nuestra huella.
A la sombra del castaño que fue testigo
del nacimiento de nuestro milagro.
Allí donde reside la magia,
en el país de donde surge esa luz inconmensurable
con la que el encuentro de nuestras esmeraldas
celebra nuestro exilio de los cauces del tiempo,
para acomodarse en las afueras
de los límites con los que
no es capaz de abarcarnos el cuerpo.
Justo allí siempre me podrás encontrar
meciendo con infinita ternura
la inquebrantable dulzura
con la que me acaricia esa suave brisa
que surge cuando despliegas tus alas
para llenar de pura vida
los más profundos recovecos de mi alma.
José ángel...)